La disminución del trabajo físico intenso y las actividades que implican
movilidad durante las últimas décadas ha derivado en una crisis de sedentarismo y obesidad.
Sin embargo, el uso de automóviles está en alza. La continua ampliación
de infraestructuras de carreteras y autopistas, así como el aumento de
la venta y propiedad de automóviles, son factores responsables de que nuestras ciudades se vean cada vez más congestionadas por el número de automóviles, lo cual deriva no solo en los peligros físicos per se,
sino también en altos niveles de contaminación ambiental y acústica,
así como en emisiones de gases de efecto invernadero, que ponen en
riesgo la calidad ambiental y nuestra salud. En las ciudades, gran parte
del espacio público está destinado al tráfico motorizado, dejando muy
pocas zonas para espacios verdes y abiertos que podrían proporcionar
resiliencia urbana, embellecer nuestras ciudades, mejorar nuestra
cohesión social y utilizarse para actividades recreativas.
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